Vida y muerte de las mujeres de la MS-13

Desde compañeras sexuales hasta cabecillas de clicas, la existencia de las mujeres de la MS-13 está plagada de violencia y muerte.

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    Violada por la MS-13: La pesadilla de una madre

    La joven suplicó la protección de Estados Unidos, pero su hijo le fue arrebatado de los brazos.

    (Publicado viernes 14 de septiembre de 2018)

    NUEVA YORK – El ritual de iniciación para pertenecer a la sanguinaria pandilla MS-13 es brutal para los hombres, pero las mujeres son blanco de la violencia más atroz y de forma sistemática.

    Según el manual para agentes de la ley del FBI National Academy Associates, mientras que los hombres son salvajemente golpeados por 13 segundos por los pandilleros de la ‘clica’ a la que desean pertenecer, las mujeres enfrentan rituales de iniciación aún más brutales y violentos.

    Según el documento, las clicas en El Salvador y la Costa Este estarían exigiendo a los hombres un intento de homicidio o un asesinato real de un pandillero rival, o bien, una golpiza al azar en el territorio de la pandilla.

    Van a corte presuntos miembros de la MS-13Van a corte presuntos miembros de la MS-13

    Este miércoles se les presentarán cargos a cinco supuestos miembros de la MS-13, acusados de secuestrar con intención de asesinar a un joven en Brentwood.

    (Publicado jueves 2 de mayo de 2019)

    En contraste, las mujeres son obligadas a mantener relaciones sexuales con los miembros de la pandilla. Muy pocas clicas otorgan la opción de la golpiza de 13 segundos, según el reporte. Las mujeres que toleran los golpes tienen ‘más respeto’ que las que son sometidas sexualmente.

    Las mujeres que ya están saliendo con miembros de la camarilla pueden tener un ritual menos agresivo para unirse al grupo criminal. Sin embargo, en América Central y en la Costa Este, las nuevas pandilleras deben demostrar su valor en "misiones", lo que implica cometer crímenes y asesinatos, o servir como ‘anzuelo sexual’ para atraer a su muerte a pandilleros rivales o miembros de la pandilla que ‘le han faltado el respeto al grupo criminal’.

    Un caso sobresaliente es el de Vanesa Alvarado, quien cumple una condena de 40 años por el asesinato de Cristian Antonio Villagrán Morales, de 18 años.

    Villagrán fue apuñalado más de 40 veces después de que Alvarado lo atrajera un parque en Maryland con la promesa de sexo y drogas.

    “El rol de la señorita Alvarado en este caso fue atraer a la víctima a un área remota con la promesa de sexo", dijo el fiscal estatal John McCarthy. "La señorita Alvarado sabía que si ella cortejaba a este joven por este camino aislado, habría cuatro personas esperándolo para ejecutarlo. Y eso es lo que hicieron".

    EL ROL DE LAS MUJERES EN LA MS-13

    Las pandilleras que ‘sirven como compañeras sexuales’ tienen un menor grado de respeto, aunque las mujeres tiene muy pocas posibilidades de poder y autoridad dentro de la pandilla.

    El FBI National Academy Associates revela que las mujeres son más propensas a ser blanco de amenazas, violencia sexual y abuso físico dentro de las clicas. Generalmente, las pandilleras son ‘utilizadas como mulas de drogas y contrabando y para ocultar las armas que usarán los pandilleros antes de una misión, además de participar en operaciones de inteligencia’. Algunas clicas incluso ven a las mujeres como ‘infrahumanas’.

    DE DOMINADAS A DOMINANTES

    El ritual de iniciación permite reconocer si un potencial miembro es capaz o no de cumplir los requisitos y exigencias de la pandilla. Para brincar (ingresar) a la mara existen al menos cuatro mecanismos. El primero es la golpiza o el "zapateo". El segundo es la "coronación", que implica asesinar a alguien señalado por los jefes de la clica.

    Sin embargo, en el caso de las mujeres, el más común es el "trencito" o "dar amor", que implica una violación sexual en grupo, que varía en duración y participantes según lo que la aspirante sea capaz de soportar.

    El cuarto mecanismo consiste en "convertirse en la jaina" (esposa/compañera) de los pandilleros. Estas mujeres, que no son capaces de tolerar ni la golpiza ni la violación grupal, ingresan al grupo criminal de la mano de los pandilleros como un privilegio.

    Pese a la estructura patriarcal de la MS-13, en los últimos años es cada vez más visible el acenso de las mujeres dentro de la pandilla, un fenómeno que se fundamenta en dos cuestiones determinantes: por un lado, la forma en la que una mujer ingresa a la organización, y por otro, las misiones que está dispuesta a realizar, así como también con quién establece los lazos más fuertes dentro de la clica.

    En toda la nación, las mujeres han figurado paulatinamente en acusaciones judiciales contra la MS-13. En algunos casos, solo aparece una entre decenas de hombres arrestados.

    Venus Romero Iraheta, de 18 años, acaparó la atención nacional en 2018 tras secuestrar y torturar hasta la muerte a la quinceañera Damaris Reyes Riva, uno de los asesinatos más violentos en la historia de la pandilla en Estados Unidos. Romero Iraheta habría asesinado a Reyes en venganza por la muerte de su novio Christian Sosa Rivas, de 21 años.

    Romero Iraheta organizó y lideró el asesinato de Damaris en enero de 2017 y fue la única mujer en un grupo de 10 pandilleros hombres condenados por el crimen.

    Otro caso es el Maggie Sankikian, la única mujer entre decenas de integrantes y asociados hombres de la MS-13 acusados de cometer múltiples delitos en Los Ángeles. La joven cumple una sentencia de 18 años en una prisión estatal por narcotráfico.

    LA MÁS BUSCADA

    Ingrid Estela Hernández se convirtió en un fenómeno de suma autoridad femenina dentro de la MS-13, luego de que en noviembre de 2017 su nombre fuera agregado a la lista de los pandilleros más buscados del ICE, junto a cinco pandilleros.

    El nombre de Ingrid Estela también fue agregado a la lista de la INTERPOL tras el operativo 'Raging Bull' (Toro Rabioso), que llevó al arresto de 267 pandilleros en varios estados, así como en El Salvador.

    "No intente detenerla" es la advertencia para el público colocada debajo de la fotografía de Hernández, una mujer de apenas 5.2 pies y 110 libras que infunde temor, pese a que las autoridades no han revelado de qué se le acusa, ni cómo colaboró con la MS-13.

    VIOLENCIA SEXUAL, EL SELLO DE LA MS-13

    Una joven madre salvadoreña enfrentó la más cruda violencia de la temida y sanguinaria MS-13. Escapó de los tentáculos del grupo criminal, cruzó fronteras, sorteó el peligro por la inhóspita frontera mexicana y llegó a Estados Unidos con su hijo en brazos con la esperanza de hallar paz y protección, pero lo que encontró fue inclemencia y una endurecida política migratoria.

    Tenía solo 16 años cuando fue víctima de una horrenda violación sexual por un pandillero de la MS-13. Su pequeño fue concebido en el ataque, pero su amor de madre fue más grande que el resentimiento y el temor, pese a las amenazas del grupo criminal.

    La joven madre y su pequeño de tres años emprendieron un arriesgado viaje desde El Salvador hacia Estados Unidos, una odisea de 14 días con sueños de libertad a cuestas.

    Joven hace espeluznante confesión de asesinatoJoven hace espeluznante confesión de asesinato

    La pandillera confiesó cómo mató a una adolescente de 15 años con la ayuda de otros miembros de la pandilla MS-13 en Virginia.

    (Publicado viernes 9 de noviembre de 2018)

    Pero al llegar a Estado Unidos a principios de junio de 2018, la patrulla fronteriza le arrebató a su pequeño de los brazos. Fueron 42 días de separación, de miedo, de incertidumbre.

    El pequeño fue traído a Nueva York, mientras que la madre fue detenida en un centro de detención en Texas junto a otras migrantes, en donde, según asegura, sufría malos tratos constantemente.

    La madre finalmente logró reunirse con su pequeño, pero el encuentro anhelado resultó agridulce, pues el menor no la reconoció, una situación que vivieron decenas de padres migrantes durante la política de separación de familias inmigrantes del presidente Trump.

    En El Salvador y en América Central, las mujeres y niñas que rechazan a los pandilleros ven de frente a la muerte, son violadas o se convierten en esclavas sexuales.

    Un total de 1,488 mujeres fueron asesinadas en los últimos tres años en El Salvador, 140 de ellas por pandilleros, según estadísticas de la Fiscalía General de la República (FGR). De esas muertes, solo se obtuvieron 32 condenas por feminicidio contra pandilleros.

    Migrar a Estados Unidos representa la única salvación para estas niñas y mujeres.