ELECCIONES PRESIDENCIALES

¿Elección reñida? Los posibles escenarios en caso de un resultado presidencial muy cerrado

Una mano sale de una bandera de Estados Unidos y deposita un sobre lo deposita un papel en una urna de votación
SHUTTERSTOCK

Miami.- En medio de incertidumbre sobre el resultado electoral, el presidente Donald Trump y su campaña han allanado el terreno para posibles juicios desde hace meses, al sembrar desconfianza en el voto por correo -a pesar de que no hay pruebas de que pueda llevar a un fraude generalizado- e insistir en que el resultado que debería contar es el de la noche electoral.

"En cuanto se acaben las elecciones, vamos a entrar con nuestros abogados", dijo Trump este domingo en referencia al recuento en Pensilvania, donde su campaña se opone a que se contabilicen los votos por correo que se reciban en los tres días posteriores a este martes.

La tensión promete aumentar desde este martes, cuando la campaña de Trump ha convocado a lo que describe como un "Ejército" de observadores para que vigilen lo que ocurre en los lugares de votación, algo que muchos demócratas temen que vaya más allá del papel legal de supervisión y derive en intimidación de votantes.

Por primera vez en tres décadas, este año el secretariado del Partido Republicano (RNC) podrá enviar también observadores a las urnas, lo que ha inquietado a algunos expertos porque esa formación tiene un historial conocido de intentos de supresión del voto de minorías.

Pero quizá lo que más ha preocupado a los demócratas es la frase que Trump dijo en su primer debate con Biden, cuando pidió al grupo ultraderechista Proud Boys que se mantenga "preparado" por si hay que responder a un presunto fraude electoral.

¿Pero qué escenarios son posible si la elección es muy reñida o incluso impugnada?

DEMANDAS

Las campañas del presidente Donald Trump y su rival demócrata Joe Biden han reclutado discretamente ejércitos de abogados que se preparan para la posibilidad de una prolongada batalla legal que llegue a la Corte Suprema. Una elección con un resultado muy apretado llevaría a que se entablaran demandas sobre algunos procedimientos de votación y escrutinio en los estados donde no haya una tendencia marcada.

En algunos lugares, los republicanos se han concentrado en los observadores, voluntarios de los partidos que se utilizan desde hace mucho tiempo en las elecciones. Estos vigilan los lugares de votación y toman nota de posibles problemas para impugnar la votación o el recuento.

El papel de estos vigilantes e impugnadores ha concitado mayor atención este año a medida que Trump ha formulado denuncias infundadas sobre la posibilidad de fraude debido al aumento de los votos enviados por correo. Trump ha exhortado a sus seguidores a concurrir a los lugares de votación y “observar con mucho cuidado”, lo que ha generado temores de que se intente intimidar a los votantes. Ha dicho falsamente que se “expulsó” a los observadores de un sitio de votación en Filadelfia, donde según él suceden “cosas malas” para las que no ha presentado pruebas.

Muchos expertos temen que ese factor, combinado con la preferencia de los votantes de Trump por votar el mismo día de las elecciones, favorezca un fenómeno conocido como el "espejismo rojo", llamado así por el color del Partido Republicano.

Ese escenario se produciría si Trump lleva ventaja en los estados clave la noche de las elecciones y declara su triunfo antes de que todos los votos estén contados, para luego denunciar un fraude en el caso de que el recuento final acabe dando la victoria a su rival, el demócrata Joe Biden.

Si eso ocurre, o si los resultados en uno de los estados clave están muy ajustados, habrá probablemente litigios como el que dividió al país tras las elecciones de 2000, cuando George W. Bush y Al Gore se disputaron el estrecho resultado en Florida hasta que el segundo concedió la derrota a mediados de diciembre.

COLEGIO ELECTORAL

El sistema electoral estadounidense se basa en un cuerpo de 538 compromisarios que se eligen en los estados en función de su población, conocido como Colegio Electoral. El candidato ganador en cada estado, aunque sea por un solo voto, se lleva todos sus compromisarios en su objetivo de llegar al número mágico que le lleve a la Casa Blanca: 270.

La mayoría de estados están decididos antes de las elecciones ya sea por los márgenes que indican las encuestas o por su histórico electoral. Es el caso de California para los demócratas o Tennessee para los republicanos. Pero la suma de los estados decididos por lado y lado no llega a los 270.

Es ahí dónde entran los estados clave, un selecto club de apenas una decena que fluctúan elección tras elección, aunque no siempre son los mismos, en los que los candidatos dedican todos sus esfuerzos durante la campaña y en los que todos los ojos están puestos en la noche electoral.

Normalmente, los gobernadores certifican los resultados en sus respectivos estados y comparten la información con el Congreso. Pero algunos académicos han delineado un escenario en el que el gobernador y la legislatura en un estado muy disputado presenten dos resultados electorales diferentes. Los estados claves como Pensilvania, Michigan, Wisconsin y Carolina del Norte tienen gobernadores demócratas y legislaturas controladas por los republicanos.

Según los expertos legales, en este escenario no está claro si el Congreso debería aceptar la lista electoral del gobernador o no contar los votos electorales del estado. Miles de simulacros por computadora realizados en la Universidad Columbia indican una leve inclinación a favor de Donald Trump por el sistema de Colegio Electoral, aunque en grado menor que en 2016, según un artículo que publica este lunes Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Hace cuatro años, aunque Trump recibió unos 3.2 millones de votos menos que su rival demócrata Hillary Clinton, el candidato republicano obtuvo la victoria al acaparar más votos en el Colegio Electoral. Robert Erikson, un profesor de ciencias políticas, y Karl Sigman, profesor de ingeniería industrial de la escuela de Ingeniería de la Universidad de Columbia (Nueva York), examinaron la forma en que los resultados del Colegio Electoral están condicionados por la manera en que los estados votaron en elecciones previas.

Los autores examinaron resultados electorales desde 1980 y, después de efectuar miles de simulacros concluyeron que, si el voto popular es muy parejo, las probabilidades de victoria en el Colegio Electoral se inclinan a favor de Trump y en detrimento del demócrata Joe Biden.

Los autores sostienen que "el punto de inflexión entre una probable victoria demócrata o republicana en el Colegio Electoral no está un voto popular 50 a 50, sino más bien en el rango de 51% demócrata y un 49% republicano".

"Notamos que lo ocurrido en 2016 fue extraordinario", dijo Erikson, quien recordó que Trump salió airoso del Colegio Electoral debido a su victoria por márgenes muy estrechos en Wisconsin, Michigan y Pensilvania. "Si la elección de 2020 es igualmente pareja a nivel nacional, esos resultados podrían ser diferentes", agregó.

"Hay otros varios estados, como Arizona, Florida, Georgia y Carolina del Norte, que también podrían tener peso en 2020", dijo el investigador. Por su parte, Erikson apuntó que "las divisiones de republicano frente a demócrata en las elecciones pasadas han tenido importancia pero sólo hasta cierto grado".

"Por esa razón, aún si el voto popular fuese el mismo que en 2016 a nivel nacional, esta elección podría tener un resultado diferente en el Colegio Electoral", agregó. Los autores escribieron que "a menudo se ve al Colegio Electoral como una institución injusta que puede negar la presidencia al ganador del voto popular, una circunstancia denominada a veces como una 'inversión' electoral".

Hay quienes argumentan que "el Colegio Electoral favorece a los estados pequeños dado que sus cuotas en el Colegio Electoral siempre incluyen dos votos extra que representan a los dos senadores que cada estado elige sea cual sea su población". Otros, señaló el artículo, "opinan que el favoritismo se inclina hacia los estados más poblados dado que el ganador se lleva todos los representantes, lo cual les da un poder enorme".

NO HAY GANADOR

Si el Colegio Electoral se divide 269-269 delegados por lados, la 12a Enmienda de la Constitución dicta que la Cámara de Representantes elige al presidente y el Senado al vicepresidente. Pero a diferencia de una votación sobre una ley en la Cámara, ganar la presidencia requiere el apoyo de la mayoría de las delegaciones estatales, por lo que cada estado vota como una unidad para decidir un ganador, con los 27 miembros de la Cámara de Nueva York y los tres de Nuevo México igualados.

Es decir, que aunque los demócratas tienen más miembros en la Cámara en este momento por un margen de 235 a 197, los republicanos forman la mayoría de las 26 delegaciones estatales frente a las 22 de los demócratas, y es probable que el Partido Republicano continúe ocupando la mayoría de esas delegaciones estatales en esta elección de 2020.

Con la división del Colegio Electoral, el 117 ° Congreso (miembros de la Cámara y el Senado elegidos en esta misma consulta de 2020), emprenderían la tarea de elegir al próximo presidente y vicepresidente el miércoles 6 de enero de 2021, según el estatuto federal.

Trump entonces como el candidato presidencial republicano, seguramente emergería como el ganador. Y suponiendo que el candidato demócrata gane el voto popular, un resultado probable desde que la abanderada de 2016 Hillary Clinton lo hizo por casi 3 millones de boletas, una victoria de Trump a través de la Cámara representaría la tercera contienda presidencial de las últimas seis donde un republicano triunfa a pesar de perder el voto popular. Al Gore recibió medio millón de votos más que George W. Bush en 2000.

La Constitución establece que si llegado el 20 de enero no se ha nombrado un presidente y un vicepresidente entonces el actual presidente de la Cámara de Representantes asumiría como presidente interino, y en ese escenario, Nancy Pelosi sería juramentada en el cargo.

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