Elecciones en Honduras, el futuro de un país y de Juan Orlando Hernández

Tras 12 años del Partido Nacional en el poder, las elecciones del 28 de noviembre podrían ser tan decisivas para el futuro de la nación centroamericana como para el del presidente saliente, quien ha sido vinculado a redes de narcotráfico. 

Tras 12 años del Partido Nacional en el poder, las elecciones del 28 de noviembre podrían ser tan decisivas para el futuro de la nación centroamericana como para el del presidente saliente, quien ha sido vinculado a redes de narcotráfico.

El maratón electoral latinoamericano de este noviembre culmina el día 28, con los comicios generales en Honduras. Más de cinco millones de ciudadanos se dirigirán a las urnas para elegir a su nuevo presidente, además de a los tres designados (vicepresidentes), a sus representantes en el Congreso nacional y en el Parlamento Centroamericano, y a decenas de alcaldes y consejos municipales. 

Los comicios llegan tras 12 años consecutivos del Partido Nacional en el poder, ocho de ellos con el mandatario Juan Orlando Hernández al frente, quien ha sido vinculado a redes de narcotráfico que operan dentro y fuera de Honduras. Por tanto, estas elecciones podrían ser tan decisivas para el futuro de la nación centroamericana como para el del funcionario. 

Los sondeos arrojan como los principales aspirantes a la presidencia a Xiomara Castro, del partido izquierdista LIBRE (Libertad y Refundación), esposa del exmandatario depuesto Manuel Zelaya y quien haría historia al convertirse en la primera mujer presidenta de Honduras, y a Nasry Asfura, de la formación oficialista Partido Nacional y actual alcalde de la capital Tegucigalpa. 

El tercer candidato es el empresario Yani Rosenthal, del Partido Liberal, ministro bajo Zelaya y quien pagó una condena de tres años de cárcel en EEUU, por lavado de dinero vinculado al narcotráfico. 

Son unas elecciones “claves” que podrían determinar si el país retorna a un camino democrático o si se consolida un proyecto “comprometido con la impunidad”, afirma el profesor Eric Hershberg, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de American University, en Washington, D.C.

En Honduras no existe la segunda vuelta. El candidato que reciba la mayor cantidad de votos el domingo será quien tome las riendas de esta nación aporreada por la pobreza y la desigualdad, una violencia por el crimen organizado, la corrupción y la impunidad, y una serie de desastres naturales.

La votación llega a la sombra de la realizada en el 2017 entre Hernández y Salvador Nasralla, que estuvo marcada por irregularidades, según organizaciones internacionales, y acusaciones de fraude. 

UNA CAMPAÑA VIOLENTA CON TEMORES DE “FRAUDE”

El camino hacia las generales hondureñas ha sido violento. Durante la campaña se han reportado numerosos episodios de agresión política, denunció a mediados de noviembre la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet. Desde las primarias de septiembre de 2020 se han registrado “al menos 28 muertes en el contexto de la violencia política”, incluyendo la de los candidatos a alcaldes Francisco Gaitán y Elvir Casaña. La Organización de Estados Americanos (OEA) ha condenado estos incidentes preocupantes y ha hecho llamados a un “consenso” para que el proceso electoral transcurra de forma pacífica. 

El periodo previo a los comicios ha estado, además, plagado de bulos o “fake news”, según un reportaje reciente de la revista TIME

Hay ciertos sectores de la sociedad civil que temen que se repita el escenario de las elecciones de 2017, que dieron un triunfo a Hernández y que fueron fuertemente cuestionadas por organismos internacionales.

En ese entonces, el reporte de la Misión Electoral de la OEA indicó que el proceso estuvo caracterizado por “irregularidades y deficiencias” y calificó el desarrollo de la votación como “carente de integridad”. El documentó describió “intrusiones humanas deliberadas en el sistema informático” y la eliminación intencional de rastros, apertura de valijas de votos y faltas de garantías en el conteo de los sufragios, entre otros problemas.  

Cientos de miles de hondureños tomaron las calles durante semanas para protestar por el “fraude”, manifestaciones que fueron duramente reprimidas por el estado. Pero los resultados oficiales terminaron por ser reconocidos por Estados Unidos y otros países de la región. 

En mayo de este año, el Congreso hondureño aprobó una nueva Ley Electoral con el fin de sentar las reglas y crear mayor transparencia ante el proceso de noviembre. El escrutinio de votos de las Juntas Receptoras (JRV), por ejemplo, se tendrá que hacer de forma pública y el mismo día de los comicios. Adicionalmente, el Ministerio Público de Honduras aseguró que más de 400 fiscales estarían recibiendo denuncias por posibles delitos electorales.  

 Empleados del Consejo Nacional Electoral (CNE) trabajan en la bodega donde se almacena material electoral, el 20 de noviembre de 2021, en Tegucigalpa (Honduras). EFE

En una entrevista con este medio a principios de este mes, Hernández afirmó que creía que la votación en Honduras sería “ejemplar”.

“El Congreso aprobó una nueva estructura de autoridades electorales. Crearon nuevas instituciones y nombraron nuevo personal y nosotros les hemos dado todo el soporte presupuestario que han requerido”, indicó a TELEMUNDO 44 durante una breve parada por Washington. “Va a hacer uso de tecnología y espero que sea un buen proceso, por el bien de Honduras”.

Pero para el profesor Hershberg, “no está nada claro que las autoridades electorales pueden operar con autonomía con respecto al gobierno actual”, afirmando que los cambios a la ley electoral no necesariamente garantizarán que las elecciones transcurran de forma justa y que pueda resultar, en realidad, en una transferencia de poder a la oposición. 

Además, ha habido denuncias de hondureños en el extranjero sobre los obstáculos que han enfrentado para renovar sus documentos y empadronarse. En octubre, organizaciones afirmaron que más de un millón en Estados Unidos se habían quedado sin la nueva tarjeta de identificación de su país y, por el momento, sin la posibilidad de votar en las elecciones generales.

LOS CANDIDATOS A LA PRESIDENCIA

Xiomara Castro de Zelaya habla durante el cierre de su campaña, ante miles de simpatizantes del Partido Libertad y Refundacíon (LIBRE) en la ciudad de San Pedro Sula. EFE/José Valle

Xiomara Castro podría hacer historia al convertirse en la primera mujer presidenta del país y significaría el primer giro de la nación centroamericana hacia la izquierda desde 2009, cuando su esposo Manuel “Mel” Zelaya fue depuesto por una alianza cívico-militar. Castro, quien se presenta por segunda vez tras un intento fallido en el 2013, ha enfocado su campaña en la necesidad de derrotar lo que ha descrito como la “dictadura” de Hernández y en retomar la lucha anticorrupción. También se ha mostrado a favor de la legalización del aborto, en un país donde este procedimiento está prohibido de forma absoluta. 

Castro tomó la primera posición en las encuestas luego de que el excandidato opositor Nasralla anunciara en octubre que abandonaba la contienda para respaldarla. El esposo de Castro, el expresidente Zelaya, ha estado notablemente ausente de los eventos de campaña. 

Por su parte, Nasry “Tito” Asfura, conocido entre sus partidarios como “Papi a la orden”, mantiene la línea conservadora de su partido y ha centrado su propuesta en el “trabajo” como prioridad para sacar adelante al país centroamericano, a través de la promoción de la agroindustria, las maquilas y los proyectos de infraestructura. Además, ha evocado el fantasma de Venezuela para urgir a la población a elegirlo como ejecutivo ante una amenaza "comunista". 

 El candidato presidencial del Partido Nacional de Honduras Nasry Asfura realiza su cierre de campaña en la ciudad de Lempira. EFE/José Valle

Hershberg teme que, de salir Asfura victorioso, “veríamos una continua obstaculización de intentos de combatir a la corrupción, de intentos para restablecer mecanismos para combatir la impunidad”. A su vez, el académico dice que un gobierno bajo Castro podría suponer al menos una tentativa, “habría que ver cuán seria, de restablecer algún mecanismo de combate a la corrupción”, similar al MACCIH, gestionado por la OEA y que existió en la nación hasta el 2019.

Pero ambos candidatos han estado salpicados por denuncias de corrupción.

Asfura ha sido acusado por la malversación de fondos públicos, violación de los deberes de los funcionarios, lavado de activos y fraude. Mientras Zelaya, el esposo de Castro, fue nombrado en el juicio del narcotraficante Geovanny Ramírez Fuentes en Estados Unidos. El exlíder de Los Cachiros, Devis Leonel Rivera Maradiaga, dijo que sobornó a Zelaya con aproximadamente medio millón de dólares en el 2006 para que pusiera de ministro de Seguridad del país a uno de sus primos. Pero esa designación nunca se concretó, según Rivera Maradiaga.  

Qué tanta será la participación en las elecciones sigue siendo una incógnita. Honduras es el país latinoamericano más inconforme con la democracia: el 46% de los ciudadanos dicen estar “nada satisfecho” con este sistema como forma de gobierno, según el Latinobarómetro 2021. 

LOS COMICIOS Y LA INMIGRACIÓN

De cualquier forma, el sucesor del controversial Juan Orlando Hernández no tendrá una tarea fácil. Un relevo en el ejecutivo hondureño no necesariamente se traducirá en los cambios estructurales que se necesitan para desalentar el éxodo de sus ciudadanos, quienes conforman una parte significativa del grueso de migrantes que llegan a la frontera de EEUU, advierte Hershberg. 

“No veo por qué a corto plazo habría un impacto notable en temas de inmigración”, apuntando a que los fenómenos que impulsan la emigración “tienen que ver con hambre, falta de oportunidades en el mercado laboral, falta de acceso a escolarización” y al alto costo de la vida, que se ha exacerbado a raíz de la pandemia de COVID-19. 

Además los efectos del cambio climático y el embate de dos huracanes a finales del 2020, que desplazaron a centenares de miles de personas, han agravado la situación en muchas regiones del país, particularmente en las áreas rurales.  

El flujo migratorio de hondureños en condiciones de necesidad va a continuar “sin importar quien ocupe la presidencia”, indica Hershberg. Sin embargo, el analista agrega que un periodo de varios años de avances en contra de la impunidad, donde se dirija los recursos del estado “hacia las necesidades de la población en vez de a los bolsillos” de los gobernantes podría ayudar a que, eventual y gradualmente, cambie la situación dentro de Honduras, “motivando a la gente a no tomar esa decisión tan difícil y tan arriesgada de migrar.” 

Integrantes de una caravana migrante caminan por el municipio de Santo Domingo Zanatepec, en el estado de Oaxaca, México. EFE/Daniel Ricarde

EL IMPACTO DEL CAMBIO DE GOBIERNO EN LA REGIÓN

De acuerdo con Hershberg, un cambio de gobierno en Honduras sí podría tener un impacto significativo en Centroamérica, en medio de un contexto donde parece estarse registrando una erosión de las instituciones y, en algunos casos como Nicaragua, el colapso del orden democrático. 

“El tener un cambio de poder en Honduras, de liderazgo por lo menos, a base de unas elecciones libres, sería una muestra de que las urnas todavía pueden determinar quién gobierne en esa región”, explica.

Son unas elecciones 'clavísimas' (sic) para la posibilidad de rescatar los elementos de la democracia que fueron tan difíciles de lograr y que hoy se encuentran muy en peligro. 

agregó Hershberg

EL FUTURO DE JUAN ORLANDO HERNÁNDEZ 

Los hondureños no solo determinarán el domingo quién mandará en su país por los próximos cuatro años. De muchas maneras, el futuro de Juan Orlando Hernández, el mandatario saliente, podría también estar en juego. 

En 2019, su hermano menor, el exlegislador Juan Antonio “Tony” Hernández fue hallado culpable de traficar toneladas de cocaína a los Estados Unidos. En marzo de este año, fue condenado a cadena perpetua por sus operaciones. 

Juan Orlando Hernández también se vio salpicado durante el juicio contra el narcotraficante Geovanny Fuentes Ramírez, con quien, según los fiscales estadounidenses, el mandatario hondureño "cooperó" durante años. Estos lazos habrían comenzado en el 2013 cuando, como candidato a la presidencia, Hernández presuntamente aceptó un soborno monetario y acceso al laboratorio de cocaína de Fuentes Ramírez a cambio de que blindara al narcotraficante, garantizando que no sería investigado y usando al Ejército para proteger sus operaciones. 

Hernández ha rechazado esos alegatos y ha afirmado que no tiene ningún vínculo criminal. Hasta ahora, no ha sido acusado formalmente de ningún cargo. 

El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, en una imagen de archivo. EFE/ Gustavo Amador

Pero esto podría cambiar una vez que salga del poder, vislumbra el profesor Hershberg.

“Es evidente que, el Departamento de Justicia ya estaba convencido de la participación del presidente en las actividades de su hermano y en [otras] redes criminales en Honduras más allá”, explica. “Yo creo que es evidente que hubo una decisión política de que [Hernández] es el presidente de un gobierno soberano con el cual EE.UU. tenía que realizar ciertos intercambios, ciertas negociaciones, y en esas circunstancias no fue conveniente que se hiciera una acusación formal”. 

Hernández sin la protección que le brinda el ejecutivo podría verse vulnerable a una imputación de la justicia estadounidense, afirma Hershberg. Lo que dice no está claro es si Hernández estaría accesible a las autoridades. Es probable, según el experto, que si Asfura gana la presidencia, Hernández sea amparado por su propio partido. 

De acuerdo con Hershberg, otra posibilidad para Hernández sería refugiarse en Nicaragua “si eso le es conveniente”. El mandatario ha tenido acercamientos - algo sorpresivos- con Daniel Ortega, pese a que en teoría se encuentran en polos opuestos del espectro ideológico. En octubre, se reunieron en Managua para firmar un tratado de delimitación fronteriza. 

TELEMUNDO 44 le preguntó a mediados de este mes sobre su posición tras las cuestionadas elecciones en Nicaragua del pasado 7 de noviembre. Hernández respondió que esperaría a ver cuál es “el resultado de la institucionalidad” en Nicaragua antes de emitir juicio. 

Nosotros somos respetuosos de lo que sucede en cada país, es un vecino nuestro como lo es El Salvador

dijo Hernández
El presidente saliente de Honduras, Juan Orlando Hernández, confía que el proceso electoral en su país, a celebrarse este próximo 28 de noviembre, será “ejemplar” y reiteró que su gobierno aún no se pronunciará sobre los polémicos comicios en Nicaragua.
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