CORONAVIRUS EN NY

Bicis, patinetas y motos reemplazan al icónico subway neoyorquino

Los residentes que no cuentan con un vehículo propio optan por formas más económicas y amigables con la ecología para sustituir el sistema de trenes. 

Telemundo

La pandemia del coronavirus SARS-CoV-2 ha convertido los vagones del metro y los autobuses de Nueva York en lugares peligrosos que las autoridades han pedido se eviten todo lo posible, lo que ha llevado a los residentes de la Gran Manzana a moverse en bicis, ciclomotores o patinetas y que, en el caso del personal médico, se han convertido en una herramienta indispensable.

Hasta ahora, buena parte de los neoyorquinos, que no suelen contar con un vehículo propio, dependían para desplazarse de un sistema de transporte público anticuado, sucio, lento y, sobre todo, abarrotado, una combinación de características que lo convierte en un medio poco aconsejable en los tiempos que corren.

“Desde el principio, pedimos a la gente que si no se tenía que montar en el metro, que no lo hiciera. (...) Si pueden ir andando o ir en bici o cualquier otra cosa, háganlo", urgió recientemente el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio.

Los más jóvenes no han dudado en tomarse al pie de la letra ese "cualquier otra cosa" del político, y se han estado moviendo por las desiertas calles de la ciudad en monopatines y en patinetas eléctricas, atravesando un solitario y a toda velocidad Times Square sin tener que esquivar a un sólo turista, o cruzando tranquilamente las grandes y ahora desoladas avenidas de Manhattan.

LOS MÉDICOS SE MUEVEN EN BICICLETA

Desde que se desatara la epidemia, el número de pasajeros del subsuelo neoyorquino ha descendido un 90 %, una tendencia diametralmente opuesta a la del uso registrado de la bicicleta, que se ha convertido en el vehículo más popular para los trabajadores esenciales de la metrópolis.

Uno de ellos es la pediatra Melissa Goldstein, que está recurriendo a su bicicleta para poder llevar a cabo una parte esencial de su profesión, la de inyectar a sus pacientes con algunas de las vacunas que se consideran indispensables, sobre todo en los menores de un año.

"La gente está tan preocupada con lo que está pasando que lo último en lo que están pensando es en las vacunas usuales", dice Goldstein a Efe durante una entrevista virtual, que no duda en cruzar Manhattan a pedales hasta las residencias de las familias que necesitan inocular a sus hijos.

Desde hace 3 o 4 semanas, cada vez que uno de sus pacientes necesita una vacuna, la doctora mete con sumo cuidado las inyecciones en una pequeña nevera portátil que transporta en una mochila subida en su bicicleta.

Una vez ha llegado hasta las viviendas de sus pacientes, se toma su tiempo en ponerse todo el material de protección antes de avisar de su llegada, y después inyecta a los pequeños en las puertas de las casas, teniendo cuidado de no adentrarse en el edificio.

EL PELIGRO DE UNA VISITA AL HOSPITAL

A Goldstein se le ocurrió la idea hablando con la madre de uno de sus pacientes, que tenía miedo de llevar a su bebé al hospital por miedo a contraer el virus, ya que padece de una diabetes, lo que la convierte en una persona altamente vulnerable a la enfermedad.

"Logísticamente, es duro para la gente aquí, porque estás evitando el transporte público, no tienes un auto y no estás a una corta distancia para poder caminar. ¿Cómo vas a llegar aquí con el bebé?", explica la doctora del Centro Pediátrico de Carnegie Hill.

"Pero que quede claro -subraya Goldstein- no es que la gente me esté suplicando que vaya y no tenga tiempo de hacerlo. Ojalá fuera así". Y es que a la pediatra le preocupa que la pandemia pueda a la vez provocar otra epidemia, dados la cantidad de niños y bebés que no habrán estado recibiendo sus vacunas, y que la actual situación de encierro podría extenderse varios meses más.

"Pasar por todo este COVID y que luego resurja una enfermedad completamente prevenible como es el sarampión, eso sería muy triste", opina.

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