Niños detenidos en EEUU sufren para adaptarse

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    Un niño en un centro de detección en Texas mira una pantalla de TV. Se estima que unos 57,000 pequeños llegaron a la frontera, provenientes de América Central en 2014.

    Con un año de edad, el inquieto Joshua Tinoco enfrenta la posibilidad de ser deportado a su natal Honduras, uno de miles de niños que llegaron el año pasado a través de la frontera de México con Estados Unidos.

    Aunque a su madre adolescente se le ha permitido quedarse en territorio estadounidense y aspirar a una tarjeta de residencia bajo un programa federal para niños sujetos de abuso, de negligencia o abandonados, los fiscales de inmigración han clasificado a Joshua como una prioridad de deportación, dijo su abogado.

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    "Luché tanto para que estuviera aquí conmigo y ahora me lo arrancan de las manos", dijo Dunia Bueso, la madre de 18 años de edad. "¿Cómo va a irse el niño allá solo y sin nadie que lo cuide?"

    Al igual que Joshua, muchos de los niños que llegaron de Centroamérica aún tienen casos pendientes en las cortes migratorias y no saben cuál será su destino. Quienes huyen de las pandillas y la violencia en sus países han solicitado asilo o acogerse bajo el programa gubernamental para niños abandonados y están a la espera de una resolución.

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    Aquellos que se han ganado el derecho a permanecer en el país aún enfrentan retos para reunirse con familiares a los que no han visto en años, asistir a la escuela en un idioma extranjero y lidiar con el trauma del que huyeron o con las deudas que les deben a sus parientes o a los traficantes que los llevaron.

    Más de 57,000 niños procedentes de El Salvador, Guatemala y Honduras llegaron a la frontera en el último año fiscal, y desde entonces han arribado otros 18,000, de acuerdo a estadísticas gubernamentales. Las cortes de migración han acelerado los procesos en un intento por apurarse en solucionar el retraso en casos pendientes.

    Sin embargo, es difícil saber cuántos están ganando su caso. Hasta ahora, se han emitido órdenes de deportación a casi 6,200 de los niños que llegaron desde julio, la mayoría por no asistir a la corte, pero entre octubre y marzo se llenaron casi el mismo número de solicitudes de asilo.

    Los defensores de los inmigrantes temen que muchos se ven obligados a buscar abogados y dicen que gran cantidad de ellos realmente merecen el asilo al huir de la violencia de las pandillas y violaciones, pero los que están a favor de la defensa de las fronteras dudan que aquellos de los que se ordenó su deportación sean enviados realmente de regreso a sus países, debido a las represalias políticas que enfrentaría el gobierno del presidente Barack Obama al subir niños a un avión, especialmente si la familia de éstos permanece en Estados Unidos.

    "Una vez que se le permitió a los niños ingresar a Estados Unidos, el juego comenzó", dijo Mark Krikorian, director general del Centro de Estudios de Migración, que busca mayores límites a la inmigración.

    Tanto Bueso como Joshua fueron tratados como menores sin supervisión adulta, debido a que ella era menor de edad cuando llegó a la frontera. Pero no puede creer que Estados Unidos envíe a su hijo a otro lugar donde nadie lo cuidará. El padre de Joshua no está presente en sus vidas, subrayó, y la abuela de ella está enferma.

    Aunque atravesar México en autobús cuidando a su hijo fue complicado, Bueso dijo que el panorama es más favorable ahora que ya puede quedarse en Estados Unidos. Vive con su tío en un vecindario de Los Ángeles repleto de licorerías y negocios de fianzas para detenidos, donde asiste a la escuela por primera vez desde que tenía 10 años.

    Y aunque para muchos de los niños el obtener la residencia legal es un gran alivio, eso no les resuelve todos los problemas, especialmente a aquellos que huyen de los recuerdos de la violencia.

    No te lo vas a creer: Dos excompañeros de la escuela se reencuentran en lados opuestos de la ley, uno como acusado y otra como jueza.  Haz click aquí  o presiona en la foto para conocer más de esta insólita historia.