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Sobre la historia

Inocentes 3 policías en el caso de Sean Bell

PUBLICADO: 25 de abril de 2008, a las 10:36 am (este)
ACTUALIZADO: 25 de abril de 2008, a las 6:00 pm (este)

Tres detectives de la policía neoyorquina fueron declarados el viernes inocentes de todos los cargos en el homicidio de un hombre desarmado que salía de una despedida de soltero la víspera de su boda.

Michael Oliver, Gescard Isnora y Marc Cooper fueron declarados inocentes del homicidio en el 2006 de Sean Bell, en un caso que puso al departamento de policía de Nueva York en el centro de una nueva disputa por denuncias de uso excesivo de la fuerza.

El juez Arthur Cooperman pronunció el fallo en un juzgado del condado de Queens lleno de espectadores, entre ellos la novia de la víctima y sus padres. El fallo puso fin a casi dos meses de juicio.

Los agentes se habían quejado de que la publicidad que precedió al juicio los tachó indebidamente de homicidas de sangre fría, por lo que optaron que fuera el veterano juez el que decidiera el caso en lugar de un jurado.

Bell fue muerto frente a un cabaret de desnudistas de Queens el 25 de noviembre del 2006 cuando salía de su despedida de soltero. Los agentes dispararon casi 50 balazos, que hirieron a otras personas.

Veintenas de policías rodearon el tribunal para evitar incidentes pero, cuando se anunció el veredicto, muchos en la multitud empezaron a llorar. Otros manifestaron su indignación contra los policías a quienes les gritaron "¡Asesinos! ¡Asesinos!"

Dentro del tribunal, la novia de la víctima se levantó inmediatamente para retirarse mientras la madre del muerto rompió a llorar.

Bell, un joven negro de 23 años, murió acribillado a balazos frente al cabaret en Queens cuando salía de su despedida de soltero junto con dos amigos.

Oliver, de 36 años, e Isnora, de 29, fueron juzgados por homicidio, y Cooper, de 40, por negligencia. Oliver efectuó 31 disparos, Isnora 11 y Cooper 4. Otros dos agentes no fueron acusados.

El caso recordó otros tiroteos de la policía neoyorquina como el de 1999 en que Amadou Diallo, un inmigrante africano, fue muerto de 41 balazos por policías que confundieron su billetera con una pistola.

La absolución de los policías en ese caso suscitó numerosas protestas que ocasionaron manifestaciones con cientos de arrestos.

Aunque los ánimos estaban caldeados, no hubo problemas inmediatamente frente al tribunal, donde muchos usaban insignias con la fotografía de la víctima y la leyenda "Justicia para Sean Bell".

William Hardgraves, de 48 años, electricista del Harlem, trajo a su hijo de 12 años y su hija de 23 a escuchar el veredicto. "Pudo haber sido mi hijo o mi hija", comentó.

"Esperaba que fuese diferente esta vez", dijo del veredicto.

"Le dispararon 50 veces. Pero por supuesto no fue así".

Los acusados, después de quejarse de que la publicidad los había caracterizado injustamente como sanguinarios, optaron por dejar que el juez decidiera el caso y no un jurado.

El magistrado dijo que la versión de los policías fue más creíble que la de los acusadores, que "no demostraron más allá de una duda razonable de que cada uno de los acusados no hubiese tenido justificación" para disparar, agregó.





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