¿Por qué son importantes los "chakras"?

Conoce aquí qué son los chackras, por qué son tan importantes y cómo pueden influir en tu salud y bienestar.

¿Por qué son importantes los "chakras"?
Crédito: Shutterstock
Por Telemundo Local 22 de agosto de 2014

Según la cultura oriental, los chakras son centros de energía vitales para el ser humano. Si no los cuidamos, mantenemos ordenados y linpios, jamás podremos alcanzar la felicidad. Si vivimos en conciencia de los chakras, no sólo podremos sentirnos mejor, sino que podremos acceder a nuevas dimensiones de nuestra realidad. ¿Pero qué son realmente los chakras? ¿Por qué son tan importantes?


Los chakras son centros psíquicos y sutiles que se encargan de generar, absorber, acumular, transformar y distribuir la energía. Realizan la comunicación y el intercambio entre los diferentes planos sutiles y causales. Por medio de los chakras, el prana puede trasformarse en energía vital para el cuerpo físico o convertirse en energía psíquica para los otros planos existenciales de las personas (emocional, mental, psíquico, causal, espiritual). Los chakras son el puente por donde la energía se transmuta y pasa de un plano a otro según las diferentes necesidades y momentos de la vida cada persona. Los siete Chakras se ubican en el ser humano principalmente en la columna vertebral, entre el perinéo y la coronilla; en la parte superior de la cabeza.
A través de la introspección y la meditación sobre los chakras se intenta mantener el flujo ascendente de la energía desde el chakra base o Muladhara, para sanar la enfermedad y matener la salud física, incrementar el conocimiento de uno mismo, mejorar la propia vida en sus distintos aspectos y lograr una evolución espiritual que aporte paz mental y serenidad.


Según explica el especialista José Maurera, los primeros sabios del yoga, anacoretas y ascetas de la antigüedad, al pasar largas horas en estado de contemplación, meditando y buscando en su propio interior el sentido de la existencia y de la vida, fueron descubriendo y elaborando la teoría de los chakras que es la base fundamental del yoga. Lo primero que ellos encontraron fue que en las personas hay una gran cantidad de energía dormida: casi el 90% del total, de nuestra energía orgánica, sutil y psíquica está solo en forma latente o potencial, esperando ser despertada a través de algún método, para así poder llenar nuestras vidas de mayor fortaleza, talento e inteligencia, y permitirnos vivir plenamente todas las facetas de la existencia humana.
Esta energía dormida se denominó con el nombre de “Kundalini”. El 10% restante ha sido llamada con el nombre "Prana" (“Chi” por los chinos y “Ki” por los japoneses). Este Prana, compuesto de energía vital y energía psíquica, circula y se distribuye por el cuerpo físico y por el organismo a través de una compleja red nerviosa de 72.000 canales llamados "Nadis". De estos, los más importantes son tres: Píngala, Ida y Shushuma. Que van desde la zona del "perinéo cervix" en la base de la columna hasta la "coronilla" en la parte superior de la cabeza, pasando la mayor parte de su recorrido por los siete chakras mayores que se ubican principalmente en la columna vertebral. Píngala Nadi, el canal Solar, va por el lado derecho del cuerpo. Ida Nadi, el canal Lunar, va por el lado izquierdo del cuerpo. Shushuma Nadi, el canal Central, va por el centro de la médula espinal en la columna vertebral


La mayoría de las personas tienen tres o cuatro chakras que giran en sentido contrario en un momento determinado. Como los chakras no sólo son metabolizadores de la energía, sino que también la detectan, sirven para proporcionarnos información sobre el mundo que nos rodea. Si bloqueamos algún chakra, no dejamos que entre la información. Por tanto, cuando nuestros chakras fluyen en sentido contrario a las agujas del reloj, hacemos salir nuestra energía enviándola al mundo, detectamos la energía que hemos enviado y decimos que eso es el mundo. Es lo que en psicología se llama proyección.


Beatriz Dávila explica que algunos chakras tienen características femeninas de quietud, aceptación, receptividad y sabiduría, mientras que otros representan aspectos masculinos de actividad, poder, solidez y afirmación. Algunos se relacionan con nuestra naturaleza más básica y otros con fuerzas más elevadas: todos son pulsiones que forman parte de nosotros, y son necesarios en una proporción adecuada para la salud del cuerpo y del alma. Esta danza entre la expansión y la fuerza que realizamos a través de prácticas tradicionales como el hatha yoga (que equilibra la luna y el sol), es una forma de traer balance a las diferentes vibraciones que nos constantemente entregamos y recibimos del universo a través del prana: la energía primordial.


La clave más importante es que a través de los chakras somos capaces de crear salud, alegría, prosperidad, amor, relaciones agradables... El tener conciencia de nosotros mismos y de las diferentes formas energéticas de nuestro mundo interno nos da la posibilidad de actuar en lugar de reaccionar a las fuerzas exteriores, energías y pulsiones, que es como la mayoría de nosotros vive. O tampoco estar gobernados exclusivamente por unas de ellas, lo cual muchas veces genera una reacción opuesta igualmente desequilibrada, ni suprimiendo otras.