Kiki Suárez nos vuelve a sorprender con un trabajo íntimo y bello que nos lleva a reflexionar sobre la vida como arte. Las personas que nos cruzamos, que amamos, la ciudad en la que vivimos, lo sentimientos que cada día poblan nuestro corazón... todo encuentra su lugar en esta magnífica obra llena de sensibilidad y talento.
Déjate llevar por las emociones y los colores de esta galería. Saldrás fresca, rejuvenecida y llena de esperanza. ¡No te la pierdas!
Kiki Suárez /
Supongo que yo era feliz en el vientre de mi madre. Cuando era una niña soñaba mucho de día. Hacía muchas travesuras y dejaba volar mi imaginación. Mi madre se preocupaba un poco. Es que no comprendía lo que me sucedía. Yo era una niña que pensaba mucho en diferentes cosas, especialmente la muerte. Busqué a Dios. Lo encontré, pero no se quedó mucho tiempo.
Mi vida era muy buena: habían pasteles, había libros, había té, había amigos. Había amor. El amor me rompió el corazón una y otra vez. Sin embargo, siempre lo disfruté.
Yo quería salvar al mundo, cuando me di cuenta que no podía me puse muy triste, abandoné Alemania y emigré a México. Allí me casé. He formado una familia. Durante mucho tiempo, mi cabeza estuvo llena de niños. Y pinté. Era una buena vida.
Luego mis hijos crecieron y tuve más tiempo para mí. Un día descubrí que me habían crecido canas. Después pensé que era gorda y comencé a sufrir de insomnio. ¡Cada momento que pasaba estaba más cerca de mi muerte!
Entonces yo tenía cincuenta años. Fue el beso de la mitad de la vida. Empecé a hacer terapia y terminé convirtiéndome yo misma en una psicoterapeuta. Hice meditación y finalmente logré establecer un nuevo equilibrio. Me volví más audaz.
Comencé a cultivar un huerto, a escribir haikus y a bailar tan a menudo como me fuera posible. Todavía me encantan los amigos, los pasteles y los libros.
Junto a mi marido hemos vivido una vida rica: viajamos, estuvimos un largo tiempo en África, fuimos felices…
La muerte se acerca cada día un poquito más. He nutrido mi alma aprendiendo a amarme a mí misma. Trato de tener alegría.
Cada ser humano teje a cada momento el suéter de su vida. Un día se caerá, incompleto...
¡Estoy feliz de todavía estar tejiendo!
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