Los peelings con láser se reportan como una opción para mejorar la textura de la piel. La mayoría de los pacientes que consideran someterse a ellos, buscan lucir una apariencia con signos de edad menos notorios, o bien, disimular cicatrices o manchas. Conoce más de este procedimiento.
¿En qué consiste?
Un peeling con láser, mejor conocido como Laser Skin Resurfacing, es un tratamiento que recurre a la aplicación de rayos de luz pulsada, para remover zonas dañadas de la piel. De acuerdo con la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS, por sus siglas en inglés), al ser un procedimiento preciso, existe menos riesgo de dañar las áreas cinrcundantes a las tratadas.
Los rayos láser aplicados, tienen un doble efecto sobre la piel: Remueven en la capa más externa (epidermis) y calientan la capa debajo de ésta (dermis), lo que según la ASPS ayuda a estimular el crecimiento de nuevas fibras de colágeno, por lo que conforme se recupera la zona tratada, surge “nueva” piel con apariencia más suave, firme y textura más uniforme.
¿Qué imperfecciones puede desvanecer?
La ASPS puntualiza que el Laser Skin Resurfacing, puede contribuir a reducir el aspecto de
líneas de expresión y arrugas –de finas a moderadas–, cicatrices de acné y varicela, verrugas, poros dilatados y cierto tipo de manchas; así como ayudar a mejorar la apariencia de la piel deteriorada por el sol o con un tono amarillento o grisáceo.
Sin embargo la Institución advierte que este tratamiento –cuya aplicación dura entre 30 minutos y dos horas–, no se recomienda para cutis con acné aún activo, arrugas demasiado profundas, ni para pieles muy oscuras, pues tienen un mayor riesgo de presentar oscurecimientos.
¿Cómo puede reaccionar la piel?
Antes que nada debes saber que para optimizar los resultados y reducir el riesgo de complicaciones, se requiere de un tratamiento previo que prepara la piel para el procedimiento. El especialista, tras analizar tus características, te recomendará la rutina adecuada, que inicia 6 semanas antes del peeling.
Toma en cuenta que un Laser Skin Resurfacing, puede ser doloroso, por ello la ASPS señala que implica el uso de anestesia local y ciertos medicamentos, antes y después del mismo; además de protección para los ojos y una cobertura especial post-peeling.
La Institución menciona que, tras el tratamiento, la piel se siente y se ve como si cuando “te quemas” por el sol, es decir, con enrojecimiento y cierta hinchazón, aunque también pueden presentarse picazón y ardor e incluso ampollas. Además, después de una semana, la piel comienza a secarse y descamarse.
La recuperación, toma de una a dos semanas y la piel nueva lucirá rosa, por dos o tres meses, aunque, puede tardar hasta un año en perder esta tonalidad y, la protección solar es indispensable tras el tratamiento.
Fuente: plasticsurgery.org